…“Porque yo llevo en mi cuerpo las marcar de Jesús” GL.6.17b
Vida dura es la del misionero. Vida incomprendida. Vida ingrata. Sin amigos duraderos, sin lazos, sin derechos. Vida difícil de ser vivida. Desde el inicio él puede contar con la reprobación de la mayor parte de las personas que lo rodean. Cuando comienza a compartir su visión con los de su casa, con los amigos, hermanos de la iglesia y hasta con sus pastores, lo que escucha son palabras desmotivadoras, desanimadoras, que lo intentan hacer desistir.” ¿Quién pagara su seminario?”, “¿Quién te va a sustentar?”,”¿Estás pensando que hacer misiones es fácil?”,”¿Y tu familia?”,”¿Y sus estudios?”,”¿Y su futuro?” son las frases que hacen eco a su alrededor. “¿Serás siempre un misionero?” o sea, “¿Un vagabundo que vive a costilla de los otros?”. Pero el misionero sigue adelante…
Después va hablar con sus líderes para revelar su llamado y pedir su ayuda. “¿Estamos en construcción, el hermano no está viendo?”,”¿Nuestra iglesia no cree en este tipo de obra misionera, porque si pensamos en los pueblos del mundo, quién ganará las personas de nuestra ciudad?”,”¿A si es, mi hermano, vamos orar, no es mejor?”, “Misiones es una invención de quien no tiene nada que hacer en la vida”. Mas el misionero sigue adelante…
Llegando a la agencia misionera comienza a observar cosas que no le gustaría que allí existiesen. “tenemos que hacer movilizaciones para levantar recursos para nuestra agencia”, “No queremos hablar de las otras agencias, pero la nuestra es mejor que las demás”, ”usted está aquí para ser entrenado en su carácter, por eso valla al patio y corte todo el monte, luego limpia los baños hasta que brillen, porque yo soy el director de esta agencia y usted es solo un joven”, “su mensualidad está atrasada y nosotros queremos avisarle que si no paga tendremos que expulsarlo de la escuela”, “si usted no tiene dinero para pagar su entrenamiento, entonces fue el diablo quien lo envió para este lugar”. Mas el misionero sigue adelante…
Cuando al fin llega al campo, encuentra una situación completamente diferente para la cual fue entrenado. Ahora de nada vale tanta “Sofía, y manuales”. Aquellas predicaciones que pensaba que iba a predicar con los tres puntitos de homilética, usando profundamente la hermenéutica, y mostrando su fluidez en las lenguas originales no sirven en el lugar donde se encuentra. Mas el misionero sigue adelante…
Después de algún tiempo él comienza a extrañar a sus seres queridos. Comienza a recordar a su familia, y a sus amigos. su querido papá, su amada madre y sus hermanos. Recuerda los días en que todos se reunían para almorzar, y de las historias que su papá contaba en la mesa, recuerda los juegos, de los momentos de conversación con su madre, que tanto lo aconsejaba. Le viene a la mente que sus padres ya están viejos y que puede acontecerles algo terrible. Ellos pueden dejar este mundo, y el misionero no estará allá para sujetar las manos de sus padres en los últimos instantes de su vida. Un sentimiento profundo que le rasga el pecho y lo hace llorar desesperadamente. Mas el misionero sigue adelante…
Si él es casado, el trabajo en el campo exigirá tanto de él, que él comenzará a tener que renunciar a pasar tiempo con su familia para atender las necesidades de la obra. Pronto su familia le hará fuertes reclamos. A lo mejor su esposa no lo entienda. Sus hijos no lo vean con buenos ojos. “¿Por qué usted tiene tiempo para los hermanos y no tiene tiempo para nosotros que somos su familia?”, ¿Por qué usted escogió una vida tan difícil para nosotros?”, “¿Por qué usted no va al campo solo con mamá y a nosotros nos deja en la casa de la abuela?”, “este llamado es suyo y no nuestro”. Mas el misionero sigue adelante…
¿Qué es lo que va a garantizar su futuro?¿cuál es su seguro de vida?¿Cuál es su provisión? ¿Cuál es su seguro de salud? Nada. No existe ninguna seguridad en la vida de un misionero. Él no sabe dónde va a terminar sus días, no tiene condiciones de hacer algún tipo de ahorro, pues lo poco que recibe de dinero mal da para cubrir sus gastos, y cuando sobra alguna cosa lo comparte con los hermanos de la iglesia que están necesitados, y él como hombre de Dios, no puede negarle la ayuda. Sin casa propia, sin tener un carro para movilizase, con una cocina simples y muebles donados. Mas el misionero sigue adelante…
Cuando le llega la edad avanzada, retorna del campo para su país de origen. Nadie lo está esperando en su llegada. No existe una comitiva ni una pancarta levantada diciendo que él es bienvenido. No consigue adaptarse en la iglesia. No entiende el porqué de muchas cosas, entre ellas el politicagen y una cruda lucha por “el poder sagrado”. Peleas para obtener el lugar más alto, más espacio, más importancia y desorganización desde el pulpito. El misionero irá a buscar el último lugar y allí se sentará para intentar cultuar a Dios en un habiente de culto al “YO”. Mas el misionero sigue adelante…
¿En su funeral? Bien, en su funeral aparecerán los parientes y pocos amigos, pues su vida fue totalmente lejos de aquel lugar. Él derramo su vida en otros países, en medio de tantos pueblos diferentes. Lógico que se recordaran de eso en la predicación de la noche del funeral. Recordaran de su valentía y entrega, sus familiares llorarán. Mas los ojos y los oídos del misionero ya no estarán abiertos para recibir estos homenajes. Mas el misionero sigue adelante… ¿Para dónde???
Si, el misionero seguirá adelante, pues del otro lado del rio su Señor lo espera. Sus compañeros de fe que él nunca vio, de tiempos diferentes, de otras eras, mas ahora parece íntimos. Si, el misionero sigue adelante. Allá está el buen Maestro que lo guio y nunca lo desamparó en todos los momentos de su vida. El misionero puede ver la sonrisa en los labios de Él. Esperen, estoy oyendo algo salir de aquella boca Santa: “Ven, bendito de mi padre, posee la tierra”. Existe un gran banquete preparado ¿ Y sabes quién está convidado? El misionero.
¿Usted está viviendo algunas de estas situaciones? Si, amigo, yo también, ya viví algunas y estoy viviendo otras. ¿Mas sabe una cosa? Vale la pena seguir adelante, el hombre y hasta tu iglesia te ignorará, hasta te olvidará o abandonará, mas el Dios que te hizo y me hizo el llamado estará contigo hasta el último día de tu vida.
“El tiempo no se detiene, muchos mueren, mas el misionero sigue adelante”.
Atentamente el llamado por Dios:
Ysmael Caña.
MAS EL MISIONERO SIGUE ADELANTE
UN CANTO AL AMOR
El canto de dos enamorados, es una parafrasis inspirada en los Cantares de Salomón. Amor real que sobre pasa lo natural, amor que solo Dios puede colocar en los corazones, la pasión que cada ser debe mostrar hacia su amado.
autor Ysmael Caña
UN Canto al Amor
El deseo de la doncella
Cuanto daría por la caricia de mi amado,
¡Oh, si pudiera saborear un beso de su boca!
Dulce como la miel silvestre,
Porque mejor es su amor que el brillo del sol.
El olor de tu cuerpo más suave que el mejor ungüento,
Tu voz es como nardo derramado en jardines reales;
Esconde tu rostro de las muchas que te buscan como tesoro,
Hipnotízame, correré en pos de ti.
Al aposento real me han llevado,
Me gozaré y tendré placer contigo;
Marca mi cuerpo con tu amor,
Como talla en la piedra
Para que tu recuerdo perdure por siglos eternos;
Tu inmensurable amor,
Como la expansión de las aguas,
Con razón te desean las muchas doncellas.
Morena como la canela,
Delicada soy,
Como pétalo de flor recién retoñada,
Más deseable, como a un ángel,
Como agua en la sequedad,
Como la miel para adulzar al paladar,
Como el sol cuando el frío intenso penetra los huesos.
No temas en acercarte,
Porque te espero para amarte,
El sol broncea mi piel,
Me prepara para tu encuentro.
Mis hermanos me esconden,
Me aprisionan con grillos,
Para que no me puedas encontrar,
Porque odian el amor real.
Hazme saber oh tú a quien desea mi alma,
¿Dónde estás príncipe amado?
¿Dónde está el lecho donde tu cuerpo reposa?
Sigue mis huellas oh doncella, hermosa entre las bellas,
Ve, sigue las huellas hasta las laderas,
Donde los jardines se mesclan con el azul del cielo.
Los novios
Hermosura de castillo de ángeles,
Inigualable brillo del sol,
Exuberante a más de la belleza,
Imponente como pico nevado,
Así eres tú amada mía.
Hermoso es tú rostro, como el de hija de dioses,
El sonrojar de tus mejillas,
¡Cerezas dulces mi vida!
Cuello deseable,
Adornado de alhajas,
Oro y zafiro,
Recubierto con esmeraldas y plata.
Mi amado descansa en su lecho real,
En el aposento de los príncipes,
Mientras por mi cuerpo se impregna
Con el aroma de nardo derramado.
Su cuerpo es mío,
Mío es su cuerpo,
Me entregaré noche y día
Me lanzaré en sus fuertes brazos,
Él es para mí, como tesoro del cielo,
Deseo recostarme en su regazo,
Y soñar sin querer despertar,
Bouquet de gladiolas doradas,
Es para mí mi amado.
He aquí que eres hermosa, preciosa mía;
He aquí que inigualable es tú belleza;
Tus ojos como esmerados deslumbrantes,
Que hermosean tu mirar.
Que hermoso es tú, amado mío,
Y dulce como miel es tu besar;
Nuestro lecho es un jardín de lirios blancos,
La estructura de nuestro aposento es de bronce,
Y jaspe tallado.
Yo soy la rosa que habita y perfuma el jardín de tu corazón,
Y el lirio que resplandece con el sol.
Como el lirio entre los espinos,
Así es mi doncella,
Bella como el mar en tierna calma,
Como la luz del alba al despertar el día.
Como manzano entre árboles silvestres,
Así es mi hermosa princesa entre las doncellas;
Bajo la sombra de mi amado me senté,
Y sus besos fueron dulce a mi paladar.
Me llevo entre al palacio real,
Me vistió con su amor.
Aliméntame con nueces,
Dame de beber vino de muchos años,
Susténtame con tus besos;
Porque agonizo de amor.
Átame a tu cuerpo con tus brazos,
Para que nunca te puedas separar de mí.
Yo te juro, oh hermosa doncella,
Por los mares que rodean la tierra y
Por el viento que sopla en invierno,
Que no despertéis ni hagáis velar al amor,
Hasta que quiera,
Porque te quiero fresca para nuestro encuentro.
¡La voz de mi príncipe amado!
He aquí él viene corriendo con su hermoso carruaje,
Atravesando los edificios de los ciudades,
Vestido de gallardía está mi amado,
Él es fuerte como el hierro,
Y valiente como mil guerreros.
Helo aquí, está dentro del jardín
Mirando por las ventanas,
Atisbando por las celosías.
El deseado por mi alma me habló, y me dijo:
Levántate, oh amiga mía, oh hermosa mía, y ven a mis brazos.
Porque he aquí ha pasado el invierno,
Mis huesos sufrieron con el frío intenso,
Ha huido al otro extremo de la ciudad,
La lluvia se fue hacia el mar;
Han retoñado las rosas con el llegar de la primavera,
Ven amada doncella,
Mi corazón quiere recitar a tu oído un poema,
Para que olvides la voz que te torturo con nuestra distancia.
Los árboles florecen y dan sus frutos,
Las flores impregnan los aires con sus perfumes;
Despierta, oh doncella, hermosa entre las bellas, y ven.
Princesa mía, te escondes entre las nubes,
Detrás del arcoíris,
Muéstrame tu rostro, acelera mi corazón,
Hazme oír tu voz;
Porque dulce es tu voz, e reluciente es tu aspecto,
Como diamante en prendas de plata.
Saltemos los obstáculos,
Corramos entre los espinos que quieren ahogar nuestro amor,
Y hagamos realidad nuestro destino.
Mi amado es mío, y yo suya;
El vive entre los blancos lirios.
Hasta que salga el sol con el nacer al día, y huyan las sombras,
Regresa, amado mío; él es como el arcón,
O como el águila real
Sobre las altas montañas.
El sueño de la esposa
En el día mis anhelos te pensaban,
Mi cuerpo te deseaba,
Por las noches busque en mi cama al que mi alma deseaba;
Lo procure con desespero, mas no lo encontré,
Y dije: me levantaré ahora,
Y caminare hasta recorres todos las rincones de la ciudad;
Por las calles y las plazas,
Las laderas y las montañas
Buscaré al que desea mi alma;
Lo busque, mas no lo pude hallar.
Me hallaron los vigiar que cuidan la ciudad,
Y les dije: ¿Habéis visto al amado por mi alma?
Caminé un poco más,
Hallé pronto a mi príncipe amado,
Me aferre a él y no lo dejé ir,
Hasta que lo lleve a la casa donde la esperanza renace,
En la cama donde el amor reposa.
Yo les suplico, oh doncellas
Que no despertéis ni hagáis velar al amor,
Hasta que él quiera.
La marcha nupcial
¿Quién es está que se acerca con tanto esplendor,
Perfumada con nardo y esencias florales
Y su maquillaje de fiesta real?
He aquí el carruaje del gobernante de la ciudad;
Setenta guardias son sus escoltas,
Escogidos de entre los valientes de la ciudad.
Todos ellos están armados,
Preparados para la pelea;
Cargan sus armas en la cintura,
La protegen de los bandidos que atacan de noche.
El amado se vistió de gala,
Vestidura con hilos de plata y esmeradas incrustadas.
Hizo los pilares de la casa de plata con jaspe tallado,
Su espaldar con oro pulido,
Su asiento de piel de cabra,
Su interior rellenado con amor
Por la doncella que estaba por llegar.
Salid, oh doncella mía,
Y ven al encuentro de tu amado
Con sus vestiduras de gala
Diseñada con hilos de plata y decorada con esmeraldas
Para el día de su casamiento,
Y el día en que su corazón se deleitara en disfrutar
El recorrer de su cuerpo
Y el acariciar de la piel de su amada.
La adulación del esposo para su esposa
Deslumbrante belleza, es la de ella,
He aquí tu hermosura, amada mía,
He aquí eres hermosa costilla mía;
Tus ojos brillantes entre tus ventas como luz al nacer el alba,
Tus cabellos risos como el bronce fundido,
Que adorna los cortinales de los palacios,
Tus dientes relucientes decorando tu sonrisa,
Que me llevan a probar de tus labios,
Y me hacen vivir en sueño dorado;
Tus mejillas, rojas como la grana,
Tu cuello, diseñado para exhibir alhajas,
Oro y plata tu cuello adorna,
Deseado por las muchas.
Tus dos pechos, hermosos gemelos,
Irresistible al tacto de manos sagradas,
Hasta que nazca el día y huyan las sombras,
Me iré a preparar, en baños de nardo y mirra,
Para que mi cuerpo perfumado se encuentre
Para nuestro día de pasión.
Toda tú eres hermosa,
Perfecta obra del omnipotente Creador,
Amada mía de sublime hermosura,
Arte de inigualable valor,
ven conmigo desde tu aposento.
Mira desde las torres de tu ciudad,
Desde sus más altos montes,
Desde donde los vigías protegen la ciudad,
Desde el aposento de tu padre el Rey celestial.
Aprisionaste mi corazón, hermosa,
esposa mía;
Has encadenado mi corazón con tu mirar,
Y encarcelado con tus besos.
¡Cuán hermoso son tus amores, delicias son tus caricias,
Hermana, esposa mía!
¡Cuán mejor que los tesoros son tus caricias,
Y el perfume de tu piel,
Mejor que las mejores esencias aromáticas de la tierra!
Como lloviznas de miel destilan tus labios, oh esposa;
Chocolate y miel debajo de tu lengua;
Tu vestidura con fragancia de rosas.
Jardín real eres, hermana, esposa mía;
Fuente cerrada, fuente sellada.
Tus renuevos como paraísos tropicales,
Con frutas de delicias al saborear,
Nardo y jazmín, Cañas aromáticas y canela,
Con todos los árboles que destilan aroma celeste;
Fragancias exóticas, atesoradas por los grandes magistrados.
Fuerte, grandiosa,
Exuberante fuente de agua viva,
Que embellecen las plazas de las ciudades.
Despierta viento del norte, despierta viento del sur;
Soplen en mi jardín, desprendan su fragancia.
Venga mí amado a sus jardines,
Y disfrute de su de colores de flores.
Yo vine a mi jardín, oh hermana, esposa mía;
He recogido los pétalos para el vino, y las esencias de diferentes aromas;
He comido mi panal y mi miel,
Vino de muchos años he bebido.
Comed, amigos, bebed en abundancia, oh queridos,
Que los amados han hecho fiesta,
Para conmemorar la unión de estos enamorados,
Que el tiempo los había separados,
Y la llegada de la pasión en cuerpos deseosos.
El tormento de la separación
En sueño profundo se encontraba mi alma,
Mientras mi corazón velaba.
Escúchese una voz,
Es la voz de mi amado que llama:
Ábreme, hermosa mía, amiga mía,
Paloma mía, perfecta mía,
Porque llueve y mi cuerpo se moja,
Mis cabellos y mi ropa con las gotas de la noche.
Me he desnudado de mi ropa;
¿Cómo me he de vestir?
He tomado mi baño de rosas,
He lavado mis pies;
¿Cómo me he de ensuciar?
Mi amado introdujo sus manos por la ventanilla,
Y mi corazón conmoviese dentro de mí.
Salte de mí lecho para abrir la puerta a mi amado,
Y mis manos goteaban mirra,
Y mis dedos mirra, que mojaba las manecillas del cerrojo.
Abrí yo a mi amado;
Más mí amado huyese de mí,
Había ya desaparecido,
Y con el mis deseos y mi alma.
Procúrelo por todos lados,
Frustrante esfuerzo por no poderlo hallar;
Grite por las calles para ver si me escuchaba,
Pero él no respondió.
Me hallaron los malvados de la ciudad,
Los que atacan como lobos en las noches,
Para despojarme de mi moral,
Golpeaban me, hirieran me;
Despojaron me de mis vestiduras los malvados de la ciudad.
Yo os encomiendo, o doncellas que no dejen escapar a mi amor,
Si se topan con mi esposo amado,
Hágale saber que estoy en mi lecho agonizando de amor por él.
Adulación de la amada para su esposo
¿Qué es tu amado mío más que otros amados,
Oh la más perfecta de todas las doncellas?
¿Qué es tu amado más que otro amado,
Que así mi alma te demanda?
Mi amado es moreno como la madera,
Como la tierra recién mojada,
Hermoso entre los bellos,
Valiente más que una legión de combatientes,
Inteligente entre los sabios,
Sus cabello crespos, negro como la noche oscura,
Sus ojos, como las del agila,
Y brillantes como la estrella del norte,
Y que a la perfección colocados.
Sus mejillas, como las bodegas de las mejores fragancias,
Como fragantes gardenias;
Sus labios sensuales, como la miel derramada entre lirios blancos.
Sus manos, como la de guerrero listo para la guerra,
Cubierta con oro tejido piedras preciosas;
Su cuerpo, como tanque que protegen los palacios cubiertos de plata,
Sus piernas, fuerte como columna de torres
De bronce mesclada con piedras;
Su aspecto como el del hijo de los dioses,
Escogido entre los ángeles, revestido de pasión desbordante,
Su paladar, dulcísimo, néctar de frutos celestiales,
Y todo él deseable.
Él es como el sol que calienta mi cuerpo en la neblina,
Tal es mi amado, tal es mi amigo,
Ruego para que regrese a mi lecho,
En la cama donde reposa el amor
Y el renuevo renace,
Para que nuestro amor fluya como el fuego intenso,
Que el agua ni el tiempo lo pueden hacer menguar.
Encanto mutuo de los amados
¿Dónde está tu amado, oh grandiosa mujer?
¿Dónde está el deseado por tu alma, oh hermosa entre las bellas?
¿A dónde se ha retirado tu amado, y lo buscaremos hasta encontrarlo?
Mi amado ha ido a su jardín,
A disfrutar de las fragancias de sus flores,
Para regarla con agua viva,
Para es muñir sus lirios.
Toda soy de mi amado, y mi amado es mío;
Su aposento son los lirios del campo.
Hermosa eres tú entre las bellas,
Amiga mía, como el ocaso del sol en la playa;
Desear, como la harina la sal
para hacer el pan,
Bella como el mar,
Imponente como el viento embravecido.
Nunca se aparten tus ojos de mí,
Porque ellos me han derrotado.
Tus cabellos son como hilos de bronce pulido
Que hermosean los pilares de un trono celeste.
Tu sonrisa cautivante,
Que hace huir el dolor causado por las heridas de guerra,
Delicadas son tus mejillas,
Detrás de tus cabellos,
Que me incitan a descubrir para darte un beso.
Muchos son las hermosas que están de tras de los muros,
Sin embargo, solo una es la Paloma mía, la perfecta mía;
Hija única de su madre,
La escogida por los ángeles desde el vientre que la hizo ver la luz.
La vieron las doncellas de la ciudad,
Y la llamaron dichosa,
Las reinas y las princesas la proclaman por su belleza.
¿Quién es esta que se muestra como el sol matinal,
Hermosa como la luna
Perfecta como las estrellas,
Esclarecida como la luz en la niebla.
Imponente como el mar embravecido?
Descendió mi alma al vergel,
Para ver retoñar los lirios,
Y para ver el rociar del jazmín.
Antes que lo supiera mi amado, mi alma me puso entre las montañas.
Vuelve, vuelve, oh amada mía,
Vuelve, vuelve, y nos miraremos.
¿Qué veré en tus ojos, oh morena?
Algo como la vida, más Allá del amar.
¡Cuán hermosos son tus pies en tus zapatillas de platas,
Oh hija de dioses!
Tus piernas son como joyas de incalculable valor,
Creación de manos de excelente maestro.
Tu ombligo como la luna entre las estrellas,
Tu vientre como espigas cercadas por lirios,
Tus dos gemelos fascinantes como picos nevados.
Tu cuello escultura que exhibe alhajas;
Tus ojos irradian luz como los faroles que guían las naves en el mar,
Tu escultural cuerpo, deseable al mirar,
Tu piel canela, perfumada con gotas de jazmín.
¡Qué hermosa eres, y cuan delicada,
Amor deleite dulzura!
Tu estatura semejante al coquero,
Y tus pechos a los cocos,
Yo dije: subiré al coquero,
Asiré sus cocos.
Deja que tus pechos sean como racimos de uvas,
Y el olor de tu boca como la mora,
Tu paladar como la del vino,
Que se entra en mí amado suavemente,
Y hace hablar los labios ancianos.
Yo soy de mi amado,
Y conmigo su alma se regocija.
Ven amado mío, salgamos a las plazas,
Vivamos en las ciudades.
Levantémonos de mañana al rosal;
Veamos si los lirios salieron de sus capullos,
Si están aflorando los jazmines,
Hagamos una cama con los pétalos,
Allí te daré mis amores.
Los tulipanes dan su olor,
Y a nuestra puertas toda clase de dulces,
Hechos con manos de ángeles,
Que para ti oh amado mío, he guardado para que te deleites.
¡Oh, si tú fueras como un Hermano mío
Que fue amamantado por las pechos de mi madre!
Entonces, hallándote afuera, te besaría,
Y no me menospreciarían,
Porque el sabor de mis besos te atarían a mi alma.
Yo te llevaría, a mi aposento en las montañas,
Donde el sol ilumina el día y la niebla refresca la piel,
Tú me enseñarías,
Y yo te haría beber la esencia de mi alma,
Mesclado con la con el aroma de mi piel.
Su izquierda acaricia mi cuerpo y su derecha me abraza,
Os ruego, oh hermosas doncellas,
Que no despertéis ni hagáis velar al amor,
Hasta que quiera,
Para que llegue el final de sus vidas y no lo pierdan.
El poder del amor
¿Quién es esta que se acerca por las montañas,
Recostada sobre el pecho del que gobierna su alma,
El deseado por sus entrañas?
En un jardín te desperté;
Allí los dolores de parto sintió tu madre,
Allí te vieron nacer los dioses.
Llévame en tu corazón por tiempos infinitos,
Tatúa mi nombre en tu brazo,
Como talla en piedra de mármol esculpida,
Porque más fuerte que la muerte es el amor;
Duro como el entierro los celos;
Sus llamas, llamas de fuego, fuerte llama,
Que se enciende al unir los cuerpos de dos amados en su lecho.
Torrentes de agua, ni los muchos mares,
Podrán apagar el amor cuando brota de un corazón sincero,
Ni la ahogarán los ríos.
Si las muchas riquezas del hombre pudiera comprar este amor,
Les aseguro que lo menospreciarían.
El amor sobrepasa los límites de la razón,
Más allá de los pensamientos.
Durante años plagas lo han querido diezmar,
El hambre lo ha querido acaba,
Las heridas lo han querido maltratar,
El engaño, la mentira,
Se han esforzado para extinguir el amor.
El amor se alimenta con el hambre,
Se fortalece con las heridas,
No admite el engaño, ni soporta la mentira.
El amor es fiel,
Fiel es el amor,
Ata tu alma al de tu amada,
En laza tu cuerpo con sus cabellos,
Haz fluir el fuego en tu lecho,
Para que pasen los tiempos,
Y juntos puedan ir al descanso eterno.
Dios habla en Guadalumpu
Autor: Ysmael Caña
Villa Guadalumpu, se encontraba en las altas montañas de un país llamado Lesoto, allí vivía un hombre llamado Jengu Fralt. Él era muy rico, y tenía muchos trabajadores bajo su responsabilidad, todos en la pequeña Villa le temían, porque era un ser despiadado sin corazón y siempre maldecía a aquellos que no le agradaban.
Jengu fralt no creía en Dios, para él, Dios era creación de la mente del hombre. En Villa Guadalumpu aun no había iglesia y nunca alguien había hablado del evangelio de Jesús.
Villa Guadalumpu era muy hermosa, rodeada de inmensos picos nevados, y en la primavera las flores retoñaban convirtiendo la pequeña Villa en un gran jardín multicolor, donde los pájaros y las mariposas posaban para alimentarse con el néctar de las flores.
Villa Guadalumpu era muy tranquila en apariencia, parecía reinar la paz, porque nadie se atrevía hacer ni hablar nada por miedo al señor Jengu Fralt.
Un día la tranquilidad de Villa Guadalumpu comenzó a terminar con la llegada de un misionero que hablaba una lengua extraña, que comenzó a vivir en la Villa, él hablaba de un ser invisible y desconocido que había creado todas las bellezas de Guadalumpu. Su nombre era Hapuc pinto.
Hapuc solía salir todas las tardes por las calles de Villa Guadalumpu hablando de un Dios que el señor Jengu Fralt no aceptaba, para el señor Jengu no había superior a él, porque tenía mucho dinero y todos le obedecían por miedo.
Pasaban los días y Hapuc hablaba en las plazas, por los comercios de la Villa, causando alboroto entre los trabajadores del señor Jengu Fralt.
Cuando llego el tiempo de la cosecha, estaban los trabajadores en el campo recogiendo espigas, cuando un trabajador llamado Fernando comenzó hablar y a preguntar a los demás trabajadores del extranjero que hablaba de un Dios invisible, Fernando preguntaba en voz alta mientras los demás trabajaban:
¿Quién a oído hablar del Dios invisible?
El hombre que llegó a la Villa dice que ese Dios nos mostro su amor al mandar a su hijo, un tal Jesús a morir por nuestra pecados. ¿Algunos de ustedes conoce a ese Jesús?
Según dice el hombre que habla en la Plaza, que Jesús nos ama, nos manda a perdonar a nuestros enemigos y hacer generosos con los demás, mas el señor Jengu dice que no existe.
Los trabajadores al escuchar a Fernando hablar, comenzaron a comentar sobre el visitante que hablaba del ser invisible que había creado a Villa Guadalumpu, se acercaron a Fernando y recordaban las palabras bonitas que el misionero Hapuc hablaba de Jesús.
De pronto escucharon una voz fuerte que gritaba ¿ Qué hacen cuerdas de perezosos…? ¡Trabajen, no desperdicien el tiempo hablando de lo que no existe, me hacen perder dinero!
Era la voz del señor Jengu Fralt que se acercaba rápidamente al campo de la cosecha.
El señor Jengu quedo muy indignado al ver que sus trabajadores hablan del Dios que él decía no existir. Rojo de ira el señor jengu amenazó a sus trabajadores: ¡El hombre que escuche o hable de ese tal Jesús que ese predicar habla, lo lanzaré a la hoguera junto con su familia, nadie le puede vender alimento a ese extraño. ¡Que muera de hambre! quiero ver si su Dios le manda comida…..ja,ja ja ja… morirá de hambre, ja, ja, ja, ja…. morirá de hambre.
Pasaron los meses y el misionero Hapuc habla cada vez más de Jesús, aquel que había muerto para mostrarnos su amor y perdonar nuestros pecados y que ahora estaba en el cielo con su padre. Los habitantes de Villa Guadalumpu temblaban de solo pensar en las bellas palabras que el misionero decía de Jesús por temor a que el señor jengu los mandase a la hoguera. El misionero Hapuc oraba todos los días para que Dios le mandase alimento, era sorprendente, todos los días aparecía una cesta de frutas y verduras en la puerta, pero él no sabía quien la colocaba Hapuc le daba gracias a Dios porque le mandaba alimento. Mientras el señor jengu se preguntaba ¿Cómo es que ese hombre está aún vivo, si nadie le vende comida y está pasando hambre? Lo que el señor Jengu fralt no sabía, era que Dios había tocado el corazón de su empleado Fernando, y escondido preparaba una cesta con frutas y verduras, y en la madrugada cuando todos estaban dormidos la dejaba en la puerta para que el misionero se alimentara.
Llegó el invierno, el frio era muy intenso, las montañas se vistieron con la blancas de nieve.
El señor jengu Fralt comenzó a quedar enfermo, pasaban el tiempo y nada que se recuperaba, mando a llamar a los mejores médicos, sin embargo, su estado de salud empeoraba al pasar los días, el señor Jengu le ofrecía mucho dinero a los médicos para que lo curasen, mas ellos nada podían hacer. El miedo invadió la mente del señor Jengu Fralt, temía porque la muerte lo rodeaba y el no podía hacer nada para librarse de ella.
El señor Jengu está en la cama sin poderse levantar, y con mucha dificultad respiraba. Fernando viendo que su señor moría se le acerco a la cama y le pregunto:
Señor jengu ¿quiere que llame al predicador? El dice que Jesús es doctor, y que sana todo tipo de enfermedad, sin embargo, el señor Jengu se negó porque no creía en Dios.
Cuando llegó la noche, el señor Jengu soñó que estaba sentado en una hoguera y los leños que la encendían, era su dinero.
Despertó débil y asustado, se recordó de la amenaza que le hizo a sus empleados, ahora tenía certeza que la muerte la estaba muy cerca de él. En ese momento recordó lo que Fernando su empleado le había dicho del Jesús que el predicador hablaba en la Plaza. El señor Jengu dijo si ese Dios existe de verdad tendré una oportunidad de salvar mi vida.
Al amanecer Fernando corrió a llamar al misionero Hapuc por orden del señor Jengu. Hapuc oraba como de costumbre cuando vio un ser brillante que le hablaba:
Hapuc, un hombre vendrá y tocara tu puerta y te llevara a la casa del señor Jengu Fralt, ve con él.
Pasados los minutos Fernando llegó muy apresado y toco la puerta, respiraba muy rápido parecía que venía corriendo. Señor Hapuc, señor Hapuc venga conmigo que mi señor Jengu lo há mandado a llamar.
Misionero Hapuc y Fernando el empleado del señor Jengu, fueron de prisa a la casa donde estaba el enfermo. Cuando Hapuc entro en la habitación, observo un cuerpo frágil, Blanco como el papel, que parecía como muerto, no era ni la sombra de aquel prepotente hombre que se creía poderoso por tener mucho dinero.
Hapuc clamo en su mente dando gracias por la oportunidad que le daba de hablarle al señor Jengu, que por mucho tiempo había pedido. Hapuc se sentó al lado de la cama, y comenzó hablarle de Jesús, el hijo de Dios que vino a la tierra como hombre para mostrarnos su amor al morir en una cruz por los pecados de la humanidad y para llevarse las enfermedades, mientras Hapuc hablaba el señor Jengu comenzaba a llorar, porque Dios estaba transformando su corazón.
El señor Jengu interrumpe al misionero con su frágil y debilitada voz:
¿Cómo puedo yo conocer a ese Jesús? Hapuc le respondió: dejándole entrar en tu corazón y confesando con tu boca, Hapuc le pregunto: ¿te gustaría ser un hijo de Dios?
El señor Jengu que no podía contener las ganas de llorar respondió con su voz frágil: ¡sí!
Junto con él Hapuc repitió unas palabras que decían:
Señor Jesús, te entrego mi corazón, para que me des uno nuevo que sea como el tuyo, perdona mis pecados, inscríbeme en el libro de la vida y hazme un hombre nuevo.
Días pasaron, el señor Jengu fralt se recupero de forma milagrosa de su enfermedad. Mando a llamar a todos sus empleados para contarles sobre el hijo de Dios que había transformado su corazón, pidió perdón por Haber sido un ogro de mal corazón, y les dijo:
A partir de hoy todos en Villa Guadalumpu escucharemos al predicador hablar del hijo de Dios, el que murió en una cruz por nuestros pecados.
Dios cambió el corazón del señor Jengu Fralt, se convirtió en un ser amoroso y hablaba siempre de Jesús el hijo de Dios, el que le regalo una nueva oportunidad de vivir. El señor jengu fralt usó su dinero para construir una bella capilla de madera rodeada de jardines de diversas flores en Villa Guadalumpu, y todos sus habitantes se reunían después de la jornada de trabajo para escuchar al misionero Hapuc hablar de Jesús.
Y la paz de Dios reino en Villa Guadalumpu…………
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